Cada grupo sale con alguien que habla su idioma
Las reservas llegan solas desde la web (TuriTop) y la app decide qué barco y qué tripulación le toca a cada grupo, mirando el cargo y los idiomas de cada empleado. Nadie tiene que cuadrarlo a mano.
Lo que ya hemos resuelto
Cada punto viene de una app nuestra o de un trabajo para un cliente. Si alguno se parece a lo que te pasa, ya sabemos por dónde empezar.
Las reservas llegan solas desde la web (TuriTop) y la app decide qué barco y qué tripulación le toca a cada grupo, mirando el cargo y los idiomas de cada empleado. Nadie tiene que cuadrarlo a mano.
A las siete, la app ya ha decidido qué barcos salen y quién va en cada uno, para hoy y los diez días siguientes. Si un patrón también hace de marinero, lo tiene en cuenta. Lo que alguien cambia a mano, se respeta.
Cada mañana se comprueba el día siguiente: si falta un patrón, hay un idioma sin cubrir o el stock está bajo mínimos, avisa. Si todo está bien, no molesta.
Cada barco tiene su autorización y cambia de número cada año. La app lo sabe y saca el informe oficial con el formato exacto que pide el Ministerio, uno por empresa, barco y fecha. Se acabó copiarlo a mano.
Una comprobación diaria avisa a la empresa y a los administradores antes de que venza una autorización. Sin duplicados y con opción de forzar el aviso a mano.
Cada semana la app compara el censo del Ministerio con el anterior y manda un correo con lo que ha cambiado. Aplicar los cambios sigue siendo decisión de una persona.
Caldi, el asistente, contesta con las cifras reales de tu empresa («¿qué barco vio más delfines este mes?») y nunca mezcla datos de otra. Habla claro y sin jerga.
Una auditoría de seguridad independiente señaló 49 puntos. Se cerraron todos, se verificaron uno a uno y quedó el informe. Copias cifradas y protección de datos al día.
El cuadrante real de una empresa (12 personas, jornadas partidas, varias estaciones) se cargó en minutos con una plantilla que resuelve los casos raros. Antes, probando el camino entero, se cazaron tres fallos que el Excel escondía.
El responsable fotografía lo que hay que corregir, la app se lo asigna a quien menos carga lleva y exige foto de cierre. Queda el antes y el después.
Cada estación decide qué se avisa y a quién, en el móvil. El supervisor trabaja y supervisa desde la misma pantalla.
Analizamos un cuarto de millón de visitas y casi diez mil reservas de una web de excursiones: el español era el 5 % de las visitas, pero la mitad de las reservas. Mirando solo las visitas, habría apostado por el idioma equivocado.
En una web heredada, la versión en español cobraba más por billete que la inglesa y anunciaba horarios que ya no existían. Se detectó comparando las dos versiones y se corrigió sin rehacer la web.
Copia completa probada antes de tocar nada, web de pruebas aparte, actualizaciones de una en una y las reservas comprobadas después de cada paso. Lo que funciona, no se toca.
Cuando una app cambia, el equipo recibe un vídeo corto con voz y subtítulos explicando qué hacer. Menos llamadas, menos dudas.
Las apps se explican con calma en Nuestras apps. Para tu caso, cuéntanoslo.